Las exportaciones agroindustriales alcanzaron los US$ 22.394 millones en los primeros cinco meses de 2026, un 17,5% más que en igual período del año anterior. Las cantidades exportadas crecieron aún más —18,4%—, lo que indica que la expansión respondió principalmente a una mayor producción disponible y no a una mejora generalizada de los precios internacionales. Los datos son oficiales y fueron analizados por Juan Manuel Garzón, economista jefe del IERAL de Fundación Mediterránea.

El estudio relevó 52 complejos agroindustriales. De ellos, 29 crecieron simultáneamente en valor y volumen exportado, once mostraron mejoras parciales y doce registraron estancamiento o retrocesos en ambas variables. Al bajar al nivel de productos individuales —173 en total—, la heterogeneidad se amplía: solo el 37% logró crecer tanto en dólares como en cantidades.

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Dólar blue · últimos 180 días. Fuente: ArgentinaDatos. Elaboración propia.

Los granos tiraron del carro

Entre los cultivos extensivos, el salto exportador estuvo directamente atado a las cosechas. Las exportaciones de girasol crecieron 142% en volumen, las de sorgo 117%, las de trigo 64% y las de maíz 12%. En todos estos casos, el aumento de los embarques superó al del valor exportado, lo que refleja precios promedio por tonelada algo inferiores a los del año anterior.

Los productos primarios fueron el segmento de mayor dinamismo, con un crecimiento del 27,3%, seguidos por los bienes de primera transformación, que avanzaron 11,3%. Entre ambos segmentos explicaron prácticamente la totalidad del incremento. Las manufacturas intermedias tuvieron participación reducida y las manufacturas finales permanecieron estancadas.

Para Garzón, ese predominio de los primarios no es necesariamente una señal negativa. "Que el crecimiento haya estado liderado por productos primarios no debería interpretarse como una señal negativa. En buena medida, es el resultado esperable cuando mejoran las condiciones productivas y los incentivos de cadenas que pueden responder relativamente rápido, como ocurre con los cultivos extensivos", sostiene el economista.

El informe también registra situaciones donde el aumento de cantidades no se tradujo en mayores ingresos. El maní es el ejemplo más claro: las cantidades exportadas crecieron cerca del 30%, pero el valor cayó casi 3% por una fuerte baja en los precios promedio. Fenómenos similares se observaron en algunos productos lácteos y forestales.

En sentido contrario, el complejo bovino aumentó su valor exportado un 38% con cantidades prácticamente estables, gracias a una mejora de precios y a una canasta más orientada hacia productos de mayor valor agregado. En las legumbres, las exportaciones de porotos crecieron significativamente mientras retrocedieron las de arvejas y lentejas. En soja, el valor total se mantuvo estable, pero aumentaron las ventas de poroto sin procesar y cayeron las de aceite y otros productos industriales, lo que implica un desplazamiento hacia menor nivel de transformación.

El informe atribuye el buen desempeño agregado a un contexto de mayor estabilidad macroeconómica, menor presión tributaria sobre las exportaciones y mejores incentivos para producir, aunque advierte que las cadenas con mayor industrialización —ganadería, lechería, forestoindustria, alimentos elaborados— requieren tiempos más largos para reaccionar y dependen de inversiones y condiciones sostenidas en el tiempo. El desafío que señala Garzón es que el impulso inicial de los productos primarios derive, con el tiempo, en una expansión de las manufacturas y los bienes con mayor valor agregado.