El Museo Nacional de Arqueología de Bolivia (Munarq) reabrió sus puertas en La Paz con una nueva exposición permanente que reúne vasijas, estatuillas, ropajes funerarios, esculturas y momias prehispánicas. La muestra, titulada Raíces eternas, legados vivos, fue inaugurada tras aproximadamente un año de trabajos de renovación institucional financiados en parte por el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).
La reapertura se realizó con una ch'alla, el ritual andino de agradecimiento a la Madre Tierra, en un gesto que el propio museo enmarca dentro del espíritu de la exposición: mostrar cómo costumbres del presente tienen raíces en el pasado prehispánico.
Rubén Mamani, arqueólogo del área de Colecciones Arqueológicas del Munarq, explicó que la muestra "habla de las continuidades culturales" que se manifiestan hoy pero que "vienen del pasado". "Muchas de las costumbres que tenemos en diferentes regiones del país han sido desarrolladas y están ancladas en nuestro pasado. La forma de ch'allar, de celebrar algunas festividades, de creer en algunas cosas, tienen su origen prehispánico", señaló.
La exposición está distribuida en siete salas e incluye piezas líticas, orgánicas, de madera, cerámicas y metales. Las dos primeras salas tienen un criterio cronológico: la primera aborda a los primeros pobladores del territorio boliviano —cazadores y recolectores—, con réplicas de pinturas rupestres y puntas de flecha; la segunda recorre el surgimiento de las primeras culturas sedentarias desde el año 2000 antes de Cristo hasta la época inca, con vasijas, vasos ceremoniales y platos de culturas como la chiripa, wankarani, tiahuanacota e inca.
Las salas siguientes están organizadas por temáticas: rituales y ofrendas, iconografías y sistemas de comunicación —incluidos los quipus, el sistema de cuerdas con nudos utilizado para registrar información—, y celebraciones, donde se exhiben kerus, vasos ceremoniales de distintos materiales.
Una de las piezas centrales de la muestra es Saphi, la momia de una niña inca que se presume vivió en el siglo XV en el territorio del señorío Pacajes, en La Paz. La momia fue trasladada a Estados Unidos alrededor de 1890 y repatriada a Bolivia en 2019. Está expuesta en la sala dedicada a la inmortalidad y a las conmemoraciones a los muertos.
La última sala exhibe una illa, deidad andina de piedra considerada una de las figuras icónicas del museo. La pieza fue extraída ilegalmente del país en 1858 y devuelta en 2014 por una institución suiza. Según Mamani, al momento de su repatriación la figura recibió una nueva connotación y quedó asociada como precursora de la Alasita, la fiesta boliviana de los deseos en miniatura.
El Munarq es uno de los museos más antiguos de Bolivia: comenzó a funcionar como repositorio multidisciplinario en 1846. Desde 1919, su sede es el llamado Palacio Tiahuanaco, un edificio de piedra diseñado por el ingeniero austriaco Arthur Posnansky y declarado Monumento Nacional en 1990. El museo depende del Ministerio de Turismo Sostenible y Culturas.



