El gobierno del Reino Unido concretó la nacionalización de British Steel el 16 de julio de 2026, luego de no alcanzar un acuerdo con la firma china Jingye —hasta entonces propietaria de la compañía— que garantizara la viabilidad de la empresa. La transferencia a propiedad pública es inmediata y se apoya en la Ley de Nacionalización de la Industria del Acero, que recibió sanción real el día anterior y reconoce el valor estratégico del sector para la economía británica.
En virtud de la nueva norma, el Ejecutivo designará un tasador independiente para determinar si corresponde alguna indemnización a Jingye. También nombrará un equipo directivo con el mandato de estabilizar las operaciones de la planta, gestionar la seguridad y la salud laboral, mantener la producción y trabajar con sindicatos y personal para transformar British Steel en una empresa "comercialmente sostenible y con bajas emisiones de carbono", según el comunicado oficial.
British Steel forma parte del tejido de nuestra nación y es un pilar de la industria británica
El gobierno justificó la decisión señalando que el acero "desempeña un papel esencial en la economía británica" al sostener proyectos de construcción, redes de transporte, infraestructuras energéticas y la defensa. Al mismo tiempo, reconoció que "años de exceso de capacidad mundial, competencia desleal y elevados costes operativos" han dificultado la competitividad de las siderúrgicas instaladas en el país. No es la primera vez que el Estado interviene en British Steel: en abril de 2025 ya había aportado financiamiento para mantener los altos hornos en funcionamiento y evitar un cierre repentino.
La nacionalización se inscribe en un plan sectorial más amplio aprobado en marzo, que fijó como objetivo que hasta el 50% del acero consumido en el Reino Unido sea producido localmente. En ese marco, el Ejecutivo también redujo en un 51% los contingentes de importación de acero exentos de aranceles, y otorgó una ayuda de 500 millones de libras (unos 585 millones de euros) a la multinacional india Tata Steel para financiar la transformación ecológica de su planta de Port Talbot, en Gales.
El primer ministro Keir Starmer afirmó que "British Steel forma parte del tejido de nuestra nación y es un pilar de la industria británica", y sostuvo que la decisión "garantiza el futuro de la producción de acero en el Reino Unido, protege empleos cualificados y preserva una capacidad nacional vital". Los sindicatos del sector respaldaron la medida y señalaron que "ayudará a proteger miles de empleos, aportando mayor estabilidad a una industria que ha tenido que superar numerosas dificultades en los últimos años". La posición de Jingye ante la nacionalización no quedó recogida en las fuentes disponibles al cierre.



