Tras casi sesenta años en servicio —y luego de un intento fallido de modernizarlo desde adentro—, el Fusil Automático Liviano (FAL) comenzó formalmente su retiro del ámbito operativo del Ejército Argentino. El Ministerio de Defensa cerró a finales de junio un acuerdo con Israel para adquirir un primer lote de 700 fusiles ARAD de calibre 7,62 x 51 mm, fabricados por la compañía Israel Weapon Industries (IWI). El contrato, valuado en aproximadamente 1,73 millones de dólares, incluye también 167 dispositivos de fogueo y accesorios complementarios.
La compra se encuadra en el Plan de Capacidades Militares (PLANCAMIL) y se financia con recursos del Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF). Según la planificación oficial, no se trata de una adquisición aislada: el reemplazo del armamento portátil es el primer paso de un programa plurianual que contempla incorporar pistolas reglamentarias, ametralladoras pesadas, lanzagranadas de alta precisión y sistemas ópticos avanzados para el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.
«El disponer de un arma no adecuada a las exigencias operacionales actuales coloca a nuestras Fuerzas en una situación de inferioridad técnica.»
Las primeras unidades importadas no se distribuirán de inmediato al grueso de las tropas. El plan establece que serán sometidas a verificaciones operativas, pruebas de rendimiento en condiciones ambientales extremas y adaptación de la doctrina de tiro, antes de avanzar hacia una distribución generalizada.
Un reemplazo que lleva quince años en gestación
El FAL se incorporó al Ejército en la década del sesenta —diseñado originalmente por la firma belga FN Herstal y producido localmente en la Fábrica Militar de Fray Luis Beltrán, en Santa Fe— y fue utilizado durante la Guerra de Malvinas. Su longevidad no estuvo exenta de diagnósticos críticos: según registros oficiales de la Dirección General de Investigación y Desarrollo (DIGID) del Ejército, desde 2010 se impulsó un plan para modernizarlo, ante deficiencias tecnológicas que ya se consideraban incompatibles con los estándares actuales.
El propio Estado Mayor del Ejército describió el problema en términos directos: «El fusil FAL es un arma rústica, confiable y segura, elemental para cumplir apropiadamente con los desafíos que presenta el combate moderno. En especial, la carencia de adecuados sistemas de puntería resulta una seria limitación para el combate, aspecto claramente comprobado en la Guerra de Malvinas. El disponer de un arma no adecuada a las exigencias operacionales actuales coloca a nuestras Fuerzas en una situación de inferioridad técnica.»
Ese diagnóstico impulsó el desarrollo del Fusil Argentino Modelo Asalto (FAMA) y el Fusil Argentino Modelo Carabina (FAMCa), versiones modernizadas del FAL con rieles Picatinny y miras holográficas de origen israelí, elaboradas con el soporte de la Facultad de Ingeniería del Ejército (FIE) y la propia fábrica de Fray Luis Beltrán. En 2018 se distribuyó una preserie de 300 unidades para evaluación operativa. Sin embargo, el plan del Ministerio de Defensa optó finalmente por la incorporación directa del sistema ARAD, descartando la vía de modernización incremental.
El cierre de ese ciclo marca también el fin de una de las páginas más extensas de la industria de defensa nacional: durante décadas, Fray Luis Beltrán fabricó miles de unidades del FAL, un arma que operó en distintos teatros y que se convirtió en un referente del equipamiento militar argentino. La pregunta que el cambio de rumbo deja abierta es qué rol tendrá la producción local en las próximas etapas del PLANCAMIL.



