Desde que dos terremotos devastaron la costa caribeña de Venezuela el 24 de junio, decenas de grupos de WhatsApp con cientos de integrantes cada uno se convirtieron en la principal herramienta de búsqueda de personas desaparecidas. Ante la escasa información oficial sobre víctimas, sobrevivientes y labores de rescate, familiares dentro y fuera del país organizaron de forma espontánea redes de coordinación paralelas a las estatales.

Los grupos funcionan como registros no oficiales: voluntarios recopilan ingresos hospitalarios, verifican reportes sobre más de 2.000 edificios dañados o derrumbados, identifican víctimas y comparten información sobre el paradero de personas que se cree permanecen bajo los escombros. El número oficial de fallecidos superaba los 1.450 al momento de publicación de las fuentes consultadas.

Coordinación desde la diáspora

Jeffrey Ramos, venezolano residente en Chile, es uno de los voluntarios que dedica largas horas diarias a estos grupos. Según relató, se incorporó al buscar a familiares de una conocida y terminó confirmando la muerte de cuatro personas en el derrumbe de Residencias Caribe, un edificio de apartamentos en la costa. Ramos estima haber contribuido a identificar al menos a diez víctimas y también logró reunir a un niño con su padre a través de sus contactos.

"Mi esposa me dice: 'Ya basta, te va a dar un infarto'. Pero no puedo parar. No tengo paz ni espacio mental para nada más", afirmó Ramos.

Hazel González, residente en el estado Carabobo, describió un funcionamiento similar: filtra la información que circula, verifica antes de reenviar y logró reunir a un niño con su abuela gracias a contactos en la zona afectada. Tres amigos suyos ya fueron hallados sin vida. Gaby Gil, desde Caracas, señaló que los grupos también cumplen una función de contención: "Al final, se convierte en una cadena de favores. Nos hacemos compañía y nos ayudamos mutuamente".

El rol de las imágenes y sus límites

La información circula en formatos variados: fotografías de personas buscadas, listas manuscritas de hospitalizados, mensajes de voz desde zonas de rescate y, con creciente frecuencia, videos de alto impacto. Mientras algunos integrantes rechazan ese material, otros señalan que gracias a esas imágenes pudieron identificar a familiares a quienes llevaban días buscando.

Carlos Delgado, investigador de comunicación de la Universidad Católica Andrés Bello, advirtió que la eficacia de estas redes tiene un techo. Según explicó, los grupos de WhatsApp surgen por necesidad y por la voluntad de colaborar de la gente, y son una herramienta valiosa para coordinar voluntarios durante una emergencia, pero no resultan igualmente eficaces para organizar la respuesta en sí, lo cual requiere liderazgo.

La respuesta oficial y sus críticas

El gobierno venezolano realizó conferencias de prensa periódicas para actualizar el número de fallecidos. El domingo anunció la creación de un sitio web para localizar personas desaparecidas —que opera en paralelo a otro administrado por la oposición política— y una línea telefónica de apoyo psicológico. La presidenta interina Delcy Rodríguez agradeció en un mensaje el trabajo de equipos de rescate nacionales e internacionales, bomberos y Fuerzas Armadas, y prometió mantener las operaciones en las zonas afectadas, en particular en el estado La Guaira, el más golpeado.

Varios de los participantes en los grupos de WhatsApp expresaron dudas sobre la exactitud de las cifras oficiales. El Ministerio de Información de Venezuela no respondió a las consultas de prensa realizadas al respecto, según informó Clarín.

Paula Onorato, venezolana residente en Estados Unidos, reconoció que la información que circula por estos canales no siempre es precisa, pero la considera un punto de partida ante la ausencia de fuentes oficiales accesibles. Los grupos siguen activos mientras continúan las labores de rescate.